| Origen
EL FBI fue creado
por iniciativa del procurador general Charles Bonaparte el 26
de julio de 1908, al solicitar la contratación de 9
detectives, 13 investigadores para cuestiones de derechos
civiles y 12 contadores para investigar casos de fraude y
violaciones de las leyes de comercio, conjunto de pesquisas
que hasta ese momento se hacían por medio de agentes del
Servicio Secreto, pero que no tenía una dependencia directa de
la fiscalía, lo que entorpecía su labor investigativa. La
jurisdicción de este grupo sería nacional y no circunsctrita a
los estados de la Unión, lo que en su época se consideraba muy
controvertido, dado el carácter federal de la constitución del
país. Lo que a inicios del siglo XX se llamó en los Estados
Unidos "la Era Progresista" que consistía en la comprensión
por parte los ciudadanos la naturaleza de los cambios que
imponían los nuevos medios de transporte y comunicación,
permitó la existencia de un respaldo político suficiente para
la creación de un ente policial de ámbito federal.
Primeros días
La primera gran
expansión en la jurisdicción del FBI se produjo en junio de
1910, cuando se proclamó la Ley Mann (sobre la esclavitud
blanca), transformando en un delito federal el transportar
mujeres de un estado a otro para "propósitos inmorales". Esta
ley también daba atribuciones al gobierno federal para que
pudiera investigar a delincuentes que violaban leyes estatales
aunque no hubieran trangredido leyes federales.
En los años
siguientes, el número de agentes especiales aumentó a más de
300, siendo además complementados por otros 300 empleados como
personal de apoyo. Se crearon las oficinas locales del FBI en
las principales ciudades del país, cada una de las cuales
estaba a cargo de un agente especial, que era responsable ante
la central de Washington. Muchas oficinas se instalaron
especialmente en ciudades próximas a la frontera mexicana,
para controlar contrabando, violaciones de la neutralidad y
operaciones de inteligencia, en particular referentes a la
revolución mexicana.
En abril de
1917, con la entrada de los Estados Unidos en la Primera
Guerra Mundial bajo la administración de Woodrow Wilson, el
trabajo de la agencia se incrementó nuevamente. Como
consecuencia de la guerra, el FBI tuvo que dedicarse a labores
relacionadas con el espionaje, actos de sabotaje e
investigación de extranjeros de países enemigos. En esta
época, el número de agentes con experiencia investigativa y
dominio de ciertos idiomas, aumentó notoriamente.
En 1919 asumió
como Director del FBI el antiguo jefe del Servicio Secreto,
William J. Flynn, que fue quien primero usó el título de
Director. La nueva ley sobre el robo de vehículos motorizados
dio a la agencia otros instrumentos legales para perseguir
delincuentes que cruzaban las líneas estatales.
Nuevos rostros
Los años entre
1921 y 1933, fueron conocidos como "los años sin ley" a causa
del gangsterismo y el desprecio del público por la
"prohibición", que convertía en ilegal la venta e importación
de bebidas alcohólicas. Esta circunstancia, junto al
resurgimiento del Ku Klux Klan, hicieron que el servicio
tuviera que adaptarse a combatir delitos que eran locales en
su ejecución, pero federales por naturaleza. Estas
investigaciones y otras más tradicionales, hicieron que el FBI
ganara prestigio y estatura ante los ciudadanos.
Si bien en esta
época la administración Harding había soportado varios
escándalos de corrupción debido a funcionarios poco honestos y
mal calificados para los cargos que ocupaban, el Departamento
de Justicia continuó profesionalizando a sus empleados. El
director de la época, William J. Burns, nombró a un joven
abogado de 26 años, de nombre J. Edgar Hoover, como director
asistente. Hoover era un graduado de leyes de la Universidad
George Washington y había trabajado en el Departamento de
Justicia desde 1917.
El sucesor de
Harding, Calvin Coolidge, reemplazó a muchos de los
funcionarios nombrados por su antecesor, entre ellos al
procurador general, nombrando en ese puesto a Harlan Fiske
Stone, quien a su vez nombró como director del FBI a Hoover el
10 de mayo de 1924. Por su propia inclinación y formación,
Hoover reforzó la tradición progresista, que fue asegurada
gracias a su nombramiento.
Durante los
diez primeros años de su administración, Hoover reforzó la
presencia del FBI en las principales ciudades del país,
creando nuevas centrales divisionarias en Nueva York,
Baltimore, Atlanta, Cincinnati, Chicago, Kansas City, San
Antonio, San Francisco y Portland. Despidió a los agentes que
consideraba inadecuados para el cargo e incrementó la
profesionalización del cuerpo. Estableció también inspecciones
regulares de las operaciones en todas las oficinas principales
del país. En 1928 estableció un curso formal de entrenamiento
para nuevos agentes, incluyendo el requisito de edad de
postulación, que debía estar entre los 25 y 35 años. Insistió
asimismo, en la conveniencia de que los agentes tuvieran
conocimientos o experiencia legal y de contabilidad.
Para el final
de la década, el entrenamiento de los agentes especiales
estaba institucionalizado, el sistema de inspección de las
oficinas locales estaba funcionando sólidamente y la
División Nacional de Identificación e Información estaba
colectando y compilando estadísticas criminales consistentes
para todo el país. Por otra parte, estaban realizándose
estudios que llevarían a la creación de laboratorios técnicos
e informes de actividad criminal también consistentes.
La depresión y el New
Deal
La gran
depresión de 1929, trajo una pobreza generalizada a todo el
país lo que repercutió también en el aumento de la
criminalidad. Esta situación llevó al presidente Franklin
Delano Roosevelt a aumentar las atribuciones de los organismos
de jurisdicción federal, lo que a su vez implicó un gran
aumento del interés del público por la forma como las agencias
combatían el crimen y cuyos resultados podían verse a diario
en los periódicos. Esta situación, llevó al director Hoover a
comunicar el mensaje del FBI a través de los medios; así, en
1932 se publicó el primer ejemplar del Boletín del FBI para
el Cumplimiento de la Ley llamado en ese entonces
Fugitives Wanted by Police. Hoover se volvió adicto a
publicitar el trabajo de su agencia mientras él estuviera
administrándola. Este enfoque consiguió que en poco tiempo la
mera identificación con el FBI fuera un motivo especial
orgullo para sus empleados atrayendo un reconocimiento y
respeto instantáneo por parte del público. Al final de la
década, la agencia tenía oficinas en 42 ciudades y empleaba a
654 agentes especiales y 1.141 empleados de apoyo.
La Segunda Guerra
Mundial y su época
Mientras en
Europa, a finales de la década de los 30 los acontecimientos
políticos y militares se sucedían con rapidez, Guerra Civil
Española, pacto germano - ruso, movilización alemana contra
Polonia, Francia e Inglaterra, invasión alemana a Rusia, los
Estados Unidos continuaba manteniéndose neutral.
En este
contexto político internacional y con las consecuencias de la
Gran Depresión aún vivas, se gestó en los Estados Unidos un
terreno fértil para el surgimiento de movimientos políticos
radicales, tal como había acontecido en Europa. Los fascistas
europeos, tenían apoyo y contraparte en la Liga Germano -
Estadounidense, en los Camisas Plateadas y otros movimientos
similares. Simultáneamente, inestabilidad laboral, conflictos
raciales y simpatías hacia los republicanos españoles,
hicieron que el Partido Comunista de los Estados Unidos ganara
adherentes. El FBI comenzó a vigilar estos grupos fascistas y
comunistas por considerarlos una amenaza a la seguridad del
país.
La autorización
oficial para investigar a estos grupos llegó en 1936 con el
visto bueno del presidente Roosevelt. Un decreto presidencial
de 1939 aumentó aún más la autoridad del FBI para investigar
grupos considerados subversivos en Estados Unidos, lo que el
Congreso reforzó con la promulgación de la Ley Smith de 1940,
declarando ilegales a todos los grupos que promovieran la
remoción de las autoridades por la fuerza.
En 1940 y 1941,
los Estados Unidos cambiaban más y más su postura neutral
frente a la guerra, dando apoyo efectivo a los aliados. A
fines de 1940, se reestableció el reclutamiento obligatorio
por parte del Congreso y se asignó al FBI una nueva tarea:
localizar remisos y desertores.
Con la entrada
definitiva de los Estados Unidos a la guerra en diciembre de
1941, el FBI participó directamente en labores de inteligencia
y de búsqueda de información que colaborara en los esfuerzos
de guerra. En al ámbito interno, los mayores esfuerzos se
enfocaron en la vigilancia y control de inmigrantes
pertenecientes a países del Eje, así como a estadounidenses
simpatizantes de su causa. Asimismo, la búsqueda y captura de
saboteadores fue otra de las misiones encargadas al FBI en
esta época, por lo que el número de funcionarios aumentó de
7.400 a 13,000, 4.000 de los cuales eran agentes de campo
hacia fines de 1943.
Si bien la gran
mayoría del personal del FBI participó en situaciones o casos
criminales relacionados con la guerra, un grupo de agentes
tuvo una misión única y especial. Separados de la nómina de la
agencia, estos agentes, con la ayuda de los consejeros legales
del FBI, crearon el Servicio Especial de Inteligencia (SIS) en
América Latina. Establecido por el presidente Roosevelt en
1940, el SIS se creó para proporcionar información sobre
actividades del Eje en Sudamérica y destruir sus redes de
inteligencia y propaganda. Varios cientos de miles de alemanes
o sus descendientes y numerosos ciudadanos japoneses residían
en América del Sur, los que buscaban simpatías en pro de sus
respectivos países y apoyo a centros de comuniciación pro Eje.
Las acciones emprendidas por el SIS en estos países, sin
embargo, hicieron que hacia 1944, el apoyo continuo hacia los
nazis se volviera intolerable, o al menos impráctico.
Una vez
finalizada la guerra en 1945, el FBI se vio enfrentado a un a
un mundo muy diferente a aquel de 1939. El aislacionismo
estadounidense había terminado definitivamente, y en el ámbito
económico el país se había convertido en el más poderoso del
planeta. Internamente, las organizaciones laborales habían
adquirdo un sustento sólido y los afroamericanos, habiendo
disfrutado de una igualdad sin precedentes debido a la escasez
de mano de obra durante la guerra, habían desarrollado
aspiraciones y medios para lograr objetivos que eran
impensables antes de la guerrra. El Partido Comunista de los
Estados Unidos había desarrollado una enorme seguridad en sí
mismo, mientras en utltramar la Unión Soviética aumentaba su
influencia y presencia en Europa Oriental, haciendo claro a
los Estados Unidos que su propósito era continuar la expansión
del comunismo en todo el mundo. La Guerra Fría había empezado. |