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Los primeros pasos de
Greenpeace los dieron doce personas a bordo de un barco,
inspirados en los ideales del poder de la paz y contrarios al
autoritarismo, persiguiendo el objetivo de una sociedad libre y en
armonía con la naturaleza.
Aquella primera
expedición de 1971 en un viejo barco de madera, el Phyllis Cormack,
no llegó a su destino y no impidió que los Estados Unidos
detonaran, el 9 de noviembre de aquel mismo año, una nueva bomba
nuclear. Pero sí consiguió centrar la atención de la opinión
pública sobre las pruebas nucleares y que se intensificara la
oposición a las mismas de forma tal que, un año después, el
gobierno estadounidense anunciaba el fin de los ensayos en
Amchitka, convertida hoy en una reserva ornitológica.
Aquel accidentado
viaje tuvo otra consecuencia probablemente inesperada para sus
protagonistas: habían dado con la clave de una estrategia que
continúa dando sus frutos muchos años después y que consiste en ir
al lugar donde se produce una agresión al ambiente y convertir,
además, en testigo directo de la misma a la opinión pública a
través de los medios de comunicación. Había nacido Greenpeace.
Los integrantes de
la recién creada organización decidieron trasladar su protesta
antinuclear al Pacífico, donde Francia realizaba detonaciones
atmosféricas. Así, en el verano de 1972, Greenpeace navegaba con
el velero Vega hasta Moruroa para tratar de detener una nueva
explosión anunciada por Francia. La Armada francesa embistió al
Vega y la prueba se realizó. Sin embargo, esto no desanimó a
Greenpeace y las protestas en contra de los ensayos nucleares en
el Pacífico continuaron. En 1985, mientras el Rainbow Warrior se
abastecía en Nueva Zelandia para dirigirse a Moruroa, dos bombas
submarinas explotaban debajo del casco, hundiendo al barco y
matando al activista Fernando Pereira. Las investigaciones
judiciales dieron con los responsables: el gobierno de Francia a
través de su servicio secreto. Siguieron 10 años más de protestas
hasta que en septiembre de 1995 el gobierno francés canceló su
programa de pruebas atómicas.
La caza de ballenas
(1975) y las matanzas de bebés foca (1976) fueron los siguientes
objetivos. Las imágenes de los activistas de Greenpeace en sus
pequeñas lanchas interponiéndose entre el arpón y la ballena, o
protegiendo con sus cuerpos a las crías de focas, son parte
imborrable de la historia de la organización. Fueron años de duro
trabajo que dieron sus frutos en 1982. Ese año, la Comisión
Ballenera Internacional aprobaba una moratoria indefinida para la
caza comercial de ballenas (que entró en vigor en 1986 y que Japón
y Noruega violan anualmente), y las pieles de bebés foca perdían
su principal mercado al cerrarles sus puertas la Comunidad
Europea.
Si bien desde 1971
hemos alcanzado logros indiscutibles, hoy los problemas
ambientales son más complejos: el calentamiento global es un hecho
y sufrimos ya las consecuencias; los bosques y selvas son talados
a un ritmo acelerado; los alimentos transgénicos ya están en el
mercado y no lo sabemos; los compuestos tóxicos están presentes en
suelo, aire y agua... Por eso necesitamos de tu ayuda. Por pequeño
que parezca, tu aporte es fundamental para seguir luchando por un
planeta limpio, sano y seguro. |