|
En 1983 comienza a
interesar vivamente a los técnicos. Con sólo diecinueve años es
capaz de elevarse por encima de 5,72 metros. En el campeonato de
la URSS se clasifica octavo, pero Igor Ter-Ovanessian, "enamorado"
del ucraniano, le incluye en la selección que habrá de competir en
el primer Campeonato Mundial de Atletismo, a celebrar en el mítico
estadio olímpico de Helsinki. Allí salta la sorpresa, porque
Sergei vence con 5,70, terminando la prueba a la altura en que,
curiosamente, suele comenzar.
La victoria en
Helsinki fue su salto a la fama, y aunque muchos pensaron que el
triunfo de Sergei era flor de un día, el ucraniano demostró año
tras año, competición tras competición, que era uno de los más
consistentes campeones de atletismo considerando todas las
pruebas. Se mantendría invicto en la alta competición desde ese
momento hasta el Europeo de Split, en el que fue derrotado por
culpa de una lesión.
Pero vayamos por
partes. En 1984 consigue sus primeros récords mundiales, la
primera de sus plusmarcas la consiguió en pista cubierta, con 5,81
metros, y luego mejoró otras tres veces. Al aire libre su primer
ascenso al récord lo consiguió con una marca de 5,85... y luego
subió más alto otras cuatro veces. Es decir, que Sergei no batió
un récord mundial en 1984...; sino ¡nueve! No pudo ser campeón
olímpico, por el conocido boicot de la mayoría de los países del
bloque comunista, que devolvieron la afrenta de cuatro años antes,
en Moscú.
Su progresión fue
meteórica llegando a un tope largamente infranqueable de 6,15
metros.
En cuanto a
títulos, Sergei los tiene todos y cada uno de ellos. Los Juegos
Olímpicos los ganó en Seúl-1988, los campeonatos del mundo los ha
ganado todos: en Helsinki-83, Roma-87, Tokio-91, Stuttgart-93,
Goteborg-95 y Atenas-97. Por cierto que sigue siendo el vencedor
más joven, por aquella primera medalla conseguida en tierras
finlandesas. Fue campeón europeo en Stuttgart-86, bajo el diluvio
que a punto estuvo de dejarle fuera de combate, porque
precisamente comenzó a saltar cuando más arreciaba la lluvia.
Sin duda, Sergei
Bubka es y será el mejor pertiguista de la historia, pero como
todo humano, también ha sufrido el sabor amargo de la derrota. En
los Europeos de Split, no repuesto de una grave lesión, tuvo
problemas en la calificación: necesitó tres intentos para
sobrepasar los 5,50 metros, primera altura con la que se enfrentó.
Luego, en la final, comenzó con sus clásicos 5,70 y también los
sobrepasó a la primera, para caer luego en diez centímetros más.
El
vencedor fue Gataullin y Bubka quedó sexto, un puesto detrás de
Javier García Chico.
Sus más sonadas
derrotas las encontramos en los Juegos Olímpicos. La maldición
comenzó en Barcelona-92 donde tres nulos en la altura inicial le
privaron del podio. En Atlanta-96 una lesión en su tendón de
Aquiles le impidió siquiera competir.
|